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Trata de encontrar las aventadas
hebras de una voz sola,
faro en el vendaval, en la espalda
de la madrugada;
que los médanos del arduo
ajedrez de la confianza
fluyan como una canción.
Trata de navegar con verdad
las palabras o los ropajes
serán tu desnudez;
abre tus lejanías con manos
temblorosas: una mirada suya
alberga todos los frutales
o el otoño.
Trata de negar a tu alegría
las vanas alas de la cera;
el sol diario cifra la vastedad
del camino, escancia el vino
joven de la angustia:
en cada huella abandonas,
atrás, ya nunca, pájaros
que dormían en tu infancia.
Encuentra, navega
en otra espalda el pulso para piano
que negará el vendaval que trata
de despojarnos de nuestra infancia.
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