Caída segunda
Amaso, oscuro, espigas de la canción
de una ausencia conmovida;
Amaso, desatado, la cadencia
de un pulso de estaño y trigo;
En las cobrizas estancias de la ausencia,
tiembla verde tu córnea de colmena,
tiembla en astillas
tu música de pino:
Arcilla azul en la arena que me cerca.
Deshojando bayonetas ebrias
de páramo,
amamantando el paso
con témpanos
comulgo la fe del plomo,
alentada la intensa mordedura
de la arena.

