Aún ahora, cuando todo queda ya tan lejos; ahora, atravesado por los dedos del otoño, me nombro lluvia; me derrama la tarde sobre un papel, al papel nombro espejo para hallar en él las notas de una lengua extraña y leve y, sin embargo, mía; en esta tarde, a la que nombro vaso, bebo una amargura con las manos pequeñas. En vano, la tarde y yo tratamos de anclar, de perpetuarnos en los nombres, ahora, que llueve ayer en todas las palabras.

